El valor del dominio propio en nuestras palabras

El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; De espíritu prudente es el hombre entendido. Proverbios 17:27

I. La sabiduría se refleja en el control de la lengua Hablar menos no es ignorancia, sino discernimiento. El sabio entiende cuándo hablar y cuándo callar. Proverbios 10:19 “En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente.” Eclesiastés 5:2  “No te des prisa con tu boca…”


II. El dominio propio revela entendimiento espiritual No reaccionar impulsivamente demuestra madurez interior. El espíritu prudente actúa guiado por Dios, no por emociones. Proverbios 16:32 “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte…” Gálatas 5:22-23  El dominio propio como fruto del Espíritu.


III. El silencio oportuno evita conflictos innecesarios Muchas discusiones nacen de palabras dichas sin pensar. Callar a tiempo puede traer paz y restauración. Proverbios 15:1  “La blanda respuesta quita la ira…” Santiago 1:19  “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar…”


IV. Las palabras bien medidas glorifican a Dios El creyente honra a Dios no solo por lo que dice, sino por lo que decide no decir. Nuestras palabras deben edificar y reflejar a Cristo. Colosenses 4:6  “Sea vuestra palabra siempre con gracia…” Efesios 4:29  “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca…”


Conclusión


Proverbios 17:27 nos enseña que la verdadera sabiduría no se demuestra hablando mucho, sino hablando con propósito y dominio propio. Un corazón guiado por Dios aprende a callar cuando es necesario y a hablar cuando edifica. Que el Señor nos ayude a usar nuestras palabras con prudencia, para traer paz, reflejar su carácter y glorificar su nombre en todo momento. 


El nombre de Jehová, nuestra torre fuerte

Proverbios 18:10 Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado.

I. El nombre de Jehová representa Su carácter y poder El “nombre” de Jehová no es solo un título, sino la expresión de quién Él es: fiel, poderoso y eterno.


  • Éxodo 34:6  “Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso y piadoso…”


  • Salmos 20:7 – “Nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.”


  • Salmos 9:10 – “En ti confiarán los que conocen tu nombre.”


Conocer el nombre de Dios es conocer Su naturaleza y confiar plenamente en Él.


II. Dios es una torre fuerte en tiempos de peligro La imagen de una torre fuerte habla de protección, seguridad y refugio frente al ataque del enemigo.


  • Salmos 61:3 “Porque tú has sido mi refugio, y torre fuerte delante del enemigo.”


  • Salmos 91:2 “Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío…”


  • Nahúm 1:7 “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia.”


Cuando todo tiembla, Dios permanece firme como refugio seguro.


III. El justo corre a Dios, no a sus propias fuerzas La reacción del justo ante el peligro no es huir al mundo, sino correr hacia Dios con fe y dependencia.


  • Salmos 121:1–2  “Mi socorro viene de Jehová…”


  • Isaías 30:15 “En quietud y en confianza será vuestra fortaleza.”


  • Hebreos 4:16  “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia.”


La fe se demuestra cuando buscamos a Dios antes que cualquier otra ayuda.


IV. Dios levanta y exalta a los que confían en Él No solo nos protege, sino que también nos levanta por encima del temor, la derrota y la aflicción.


  • Salmos 3:3 “Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí… el que levanta mi cabeza.”


  • Salmos 91:14 “Yo lo libraré… por cuanto ha conocido mi nombre.”


  • 1 Pedro 5:6 “Humillaos… para que él os exalte cuando fuere tiempo.”


La confianza en Dios siempre termina en victoria y restauración.


Conclusión


Proverbios 18:10 nos recuerda que el verdadero refugio no está en las cosas ni en las personas, sino en Dios mismo. Su nombre es una torre fuerte donde el justo encuentra protección, paz y victoria. Cuando aprendemos a correr hacia Él en toda circunstancia, somos levantados por Su poder y sostenidos por Su gracia. Hoy más que nunca, corramos al nombre de Jehová, nuestra torre fuerte. 


La Bendición de la Unidad

¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Salmos 133:1

Introducción


La unidad entre los hermanos no es solo un ideal humano, sino un diseño divino. Dios desea que Su pueblo viva en armonía, porque allí Él manifiesta Su favor, Su poder y Su bendición.


I. La unidad es buena delante de Dios “¡Mirad cuán bueno…!”


  • La unidad agrada al corazón de Dios.


  • Refleja Su carácter y Su voluntad para Su pueblo.


Salmos 34:14  “Busca la paz, y síguela.” Romanos 15:5-6 Dios nos concede un mismo sentir para glorificarle juntos. Donde hay unidad, Dios se complace y es glorificado.


II. La unidad es agradable y produce gozo “…y cuán delicioso…”


  • No es una carga, es una bendición.


  • Trae paz, gozo y fortaleza espiritual.


Proverbios 17:22  “El corazón alegre constituye buen remedio.” Juan 15:11 El gozo de Cristo es completo en nosotros. La unidad sana el corazón y renueva el ánimo del pueblo de Dios.


III. La unidad se vive, no solo se declara “…habitar los hermanos…”


  • No es algo ocasional, es una forma de vida.


  • Requiere convivencia, paciencia y amor constante.


Colosenses 3:13-14 Soportándoos y perdonándoos unos a otros en amor. Efesios 4:2-3 Solícitos en guardar la unidad del Espíritu. La verdadera unidad se demuestra en la manera diaria de relacionarnos.


IV. La unidad es el canal de la bendición de Dios (Contexto del Salmo 133)


  • Donde hay unidad, Dios ordena bendición y vida.


  • La unción y la bendición fluyen en un ambiente de armonía.


Salmos 133:3  “Porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.” Mateo 18:19-20 Dios se manifiesta cuando hay acuerdo. La unidad abre la puerta para que Dios actúe con poder.


Conclusión


La unidad no es opcional para el creyente; es una evidencia de madurez espiritual. Cuando los hermanos deciden vivir en armonía, Dios se agrada, el gozo abunda y Su bendición es derramada. Vivir unidos es caminar bajo el favor del Señor y reflejar Su amor al mundo.