Introducción
La unidad entre los hermanos no es solo un ideal humano, sino un diseño divino. Dios desea que Su pueblo viva en armonía, porque allí Él manifiesta Su favor, Su poder y Su bendición.
I. La unidad es buena delante de Dios “¡Mirad cuán bueno…!”
La unidad agrada al corazón de Dios.
Refleja Su carácter y Su voluntad para Su pueblo.
Salmos 34:14 “Busca la paz, y síguela.” Romanos 15:5-6 Dios nos concede un mismo sentir para glorificarle juntos. Donde hay unidad, Dios se complace y es glorificado.
II. La unidad es agradable y produce gozo “…y cuán delicioso…”
No es una carga, es una bendición.
Trae paz, gozo y fortaleza espiritual.
Proverbios 17:22 “El corazón alegre constituye buen remedio.” Juan 15:11 El gozo de Cristo es completo en nosotros. La unidad sana el corazón y renueva el ánimo del pueblo de Dios.
No es algo ocasional, es una forma de vida.
Requiere convivencia, paciencia y amor constante.
Colosenses 3:13-14 Soportándoos y perdonándoos unos a otros en amor. Efesios 4:2-3 Solícitos en guardar la unidad del Espíritu. La verdadera unidad se demuestra en la manera diaria de relacionarnos.
IV. La unidad es el canal de la bendición de Dios (Contexto del Salmo 133)
Donde hay unidad, Dios ordena bendición y vida.
La unción y la bendición fluyen en un ambiente de armonía.
Salmos 133:3 “Porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.” Mateo 18:19-20 Dios se manifiesta cuando hay acuerdo. La unidad abre la puerta para que Dios actúe con poder.
Conclusión
La unidad no es opcional para el creyente; es una evidencia de madurez espiritual. Cuando los hermanos deciden vivir en armonía, Dios se agrada, el gozo abunda y Su bendición es derramada. Vivir unidos es caminar bajo el favor del Señor y reflejar Su amor al mundo.

